Plan de domingo.

Nunca te han gustado los domingos. Pero si son lluviosos menos. Y si no hay plan y ni un duro. Directamente deberían estar prohibidos. Son una tortura mental. No fomentan, no aportan. Chupan energía positiva. La tarde de domingo se convierte en una lucha mental contra todo lo que hay que hacer en lunes. Deberían teletransportarnos después del vermutito del domingo a las 12:00 del lunes, como mínimo.

¿A quién se le ocurrió semejante día?

Y además este domingo estás especialmente de mala hostia. No sabes por qué. Habéis decidido poner en marcha una campaña de “mierdas las justas” en casa, se va todo fuera lo que no necesitáis. Quizá habéis escogido un mal día de la semana. Pero ahí va.

Cada objeto que coges es: «esto no lo uso… pero… ay! Qué penita! Jolines. Lo guardo. Quizá más adelante, lo necesite. Para… dejar, reciclar, guardar, escribir. No puedo tirarlo. Es muy valioso. Este artilugio me recuerda a cuando… este pañuelo hortero a rabiar me lo regalo… no puedo tirarlo.» Y te vas cargando tú. Las cosas del otro las quemarías todas. No sirve ninguna. Todas son cagamandurrias.

Te sientes rellena de mala leche, como un bollito. Todo está mal. Nada te parece bien.

A la media hora de empezar, paras. ¡Qué hambre por Dios! Cariño, tengo hambre he de parar… le dejas a él sepultado en cajas, trastos y viejos tesoros.

Vuelves… al cabo de una hora, cafetito, bocata, revista y seguimos.

Empiezan las desaprobaciones, todas hacia él:

– Eso ahí no, rey.  Que no ves que eso así no se hace.  ¡De verdad! Cariñito, Que es que no te das cuenta que así no funciona!. ¡por dios, amor, que la cabeza está para algo…!

– Me voy a hacer un pipi.- Vuelves… quizá peor.-

El chico pone voluntad. Su rendimiento es casi el doble al tuyo, lleva todo el trastero limpio. Tú miras, opinas, dudas y vuelves a dudar… y esta mala leche interior que te inunda… vuelves a increparle. Sin venir a cuento y lo sabes… te escuchas y te odias, internamente, en silencio. Hay una vocecita interna, amiga, que te dice: «cuca, ¡así no!. Cambia el registro.»

Él suspira. Y tú respondes:

– ¿suspiras????

– déjame al menos suspirar. – responde él-

Se hace el silencio.

Él te mira:

– ¿cariño?… – se piensa la pregunta, te mira como pidiendo perdón, te busca la mirada.-

Tú te lo quedas mirando, piensas que qué debe ser eso que le cuesta tanto pronunciar estás a una coma de enfadarte… por… por… si acaso!!

– Cariñito, ¿te ha de venir la regla?

Pregunta nefasta, mazazo al domingo, crash matutino, te sientes ofendidísima, ¿cómo se atreve?, será insensible… pedazo de ….

– Me ha de venir…

Piensas en qué semana estás y caes en la cuenta que estás a puntito a puntito…

– Me ha de venir… ya. Mañana o pasado. – Lo dices en susurro, en voz débil. Pasan ante ti todos los apelativos destructores que le has dedicado en esta mañana de domingo. Quieres rebobinar la cinta, volver a empezar, cerrar el pico, sufrirte tú a solas. Te sabe mal por él. También por ti: tú eres la hormonada. Y no te has visto venir.-

Se hace el silencio…

Empiezas a reírte. La verdad, visto desde fuera tiene su gracia. No sabes si te ríes de ti, de él o de los dos.

A quien se le ocurre encerrarse en un trastero un domingo en estas condiciones.

Te lo miras, tiernamente, no sabes porqué, pero esa carita de pena al preguntar, ese aguantar y no decirte claramente: “¡vete a la mierda, histérica!»

Decidís largaros a tomar el aire, tocar la lluvia, pisar los charcos, desvestir el domingo y arrancarle minutos. Habéis decidido reíros de vosotros y de lo raro que es este mundo.

Hoy es domingo, lluvioso, tedioso, sin plan, sin un duro y a puntito de regla. No puede haber mejor plan.

La tarde de domingo sólo acepta un plan: películas. A ver si te deja escoger a ti una romántica que acabe en besito, en te quiero y eres lo mejor que me ha pasado.

Pasando de dramas existenciales.

 

Hormonada.

La suelta.

Hay días grises.

Hay días que las cosas no suceden como esperábamos, deseáramos o hubiéramos programado. Hay días que se tuercen sin más. O días que por algún despiste se nos olvida la llave que arranca el coche. Simplemente eso.

Un día te levantas y después de quedarte sin tu champú en la ducha, sin encontrar ropa oportuna en el armario, aquel que no cabe un alfiler de ropa que acumula, sin tener tus vaqueros preferidos limpios (tendrás 10 pero acabamos usando aquellos) chuparte caravana de camino al trabajo, no encontrar sitio para aparcar. Consigues alcanzar tu silla, tu sitio de trabajo. Pasa una compañera de trabajo y te dice (tono normal): “buenos días, uy! Qué mala cara haces!”

Tu boca emite: “buenos días, no, es que he dormido mal!”

Interiormente tu mente rebuzna: “cómprate un bosque y piérdete! Pedazo de burra!”

¡Dios!!

Pero ¿qué ha hecho el cielo para darme tal grado de mala hostia, tal dosis de mala leche, qué ha hecho la santa compañera para recibir de tu subtexto dicho apelativo?. ¿A quien maté en otra vida para querer hacer desaparecer a la gente que te rodea y enviar al otro mundo a los que no son de mi agrado?. Que en este momento sospechosamente son todos. Parezco Obelix en versión marmita de mala hostia. Abres el ordenador y no seguimos bien. Hemos de hacer algo para cambiar, he de apuntarme a clases de yoga, investigar en la religión hindú, aquellos monjes del Tíbet parece que podrían darles por culo y seguirían sonriendo en modo la felicidad soy yo … y a mi que me dicen buenos días… y… ¡quiero convertirme en terrorista!. No puede ser. El mundo está mal, pero yo estoy peor…

No puede ser, algo hago mal.

Pasa otra compañera: “buenos días, ¿Qué no has dormido bien?”

Tu cara: sonríe, justificándote y asintiendo.

Tu subtexto: “te pondré un petardo en el culo que te enviará al extrarradio, so-inútil!”

Y en ese mismo instante caes.

Te das cuenta que con las prisas, los cinco minutos más de sueño, el no sé qué ponerme (cuando podrías vestir a 100 amigas conjuntadas todas y a ninguna le faltaría un accesorio), nunca sabes qué ponerte, whatsapp por aquí, mensajito por allá, te has ido cagando leches… Y NO TE HAS TOMADO EL CAFÉ.

¿seré imbécil? ¡Que mi cuerpo necesita la cafeína!. Más que el aire que respiro, más que el abrigo, más que el pintalabios, más que MacGyver a su chicle.

Te disculpas, sales pitando al pasillo, hoy no te esfuerzas en llegar a la cafetería te conformas con una dosis industrial de máquina y te pides un americano. Y te lo bebes cual yonqui con su dosis. Tu particular droga, tu pequeña dependencia, tu rincón de positivismo inyectado. Ahí va.

Calentito, de cualquier calidad, cafeína.

Y vuelves a tu sitio de trabajo, el cielo dirías que se ha despejado, qué día más soleado, cálido y fenomenal.

Y pasas frente a la mesa de tu compañera y cacareas sobre el programa de tele al que estáis enganchadas, seguís, comentáis y despellejáis a todo títere viviente, te disculpas por lo borde y seca que has sido antes, compartes, disertas, comentas. Ya no te sientes un bicho viviente rellenado con mala hostia. Ahora eres esa persona maravillosa, dulce y encantadora cual muñeca Nancy, sin atisbo de mala intención.

Y vuelves a tu sitio gloriosa, te vas a comer la jornada laboral, la vas a arrollar, a diseminar, desmontar y volver a montar, no dejarás informe a medias.

Y para mañana te pondrás dos alarmas: una para salir de la cama y otra para tomarte el café, antes de interaccionar con nadie. Por el bien de la humanidad.

 

Descafeinadamente.

La Suelta.

Lo que da de sí Ikea…

Quería servilletas de colores. Ikea: Son monísimas y baratísimas.

Pero el señor Ikea pretende que me dé una vuelta por sus expositores antes de coger lo UNICO que necesito.

Accedo, no me cuesta mucho, me doy una vuelta.

¡Qué sofás más monos, qué ricura de cojines, qué comedores tan cucos!

veo un invento rarísimo para las bolsas de plástico… 3€! ¡Lo cojo!

Un soporte para el pc en el sofá! ¡Qué invento! ¡Cómo he podido vivir sin ello! ¡Lo pillo! ¡Las cortinas del baño… Modernitas con dibujos, mismo tonos que las baldosas de mi baño, señor Ikea tiene cámara oculta… Baratísimo. La mía está que da pena… ¡La cambiaré! ¡Oh! Unos vasos con vidrio de color… ¡Qué originales!

Me detengo maravillada en la zona de las velitas… Hay un decorado con unas 20 velitas… ¡Divino! Son muy baratas, vela y posa velas 2,5€!!! ¡Cojo una!.

En una esquinita de la zona de alfombras hay una parejita haciéndose carantoñas, no hay nadie más que ellos y yo, se sienten solos. Él le da un beso ella corresponde, lo alarga, ¡Ay! Nena debería mirar hacia otro lado… ¿No? Aparto la mirada… me muero de curiosidad. ¡corroe!

Vuelvo a mirar… Él la abraza… Al principio cariñosamente, pero después la arrima con fuerza y le baja la mano al final de la espalda… ¡Y un poco más! ¡Le apreta el culo! El tío… ¡Se está poniendo cachondo! ¡¡Aquí en medio del Ikea!!?? Les miro atónita, haciendo ver que me interesa una alfombra hortera a rabiar para mi saloncito de 10m2… Mis ojos les apuntan directamente sin titubeos. Me digo que sí, que definitivamente soy voyeur… Sino ¿a qué? Me digo que es como una película romántica en vivo y en directo, sin descargas ilegales, sin entrada al cine, sin palomitas… Pero en high definition… Digo yo. Ella le coge el cuello, mantienen los ojos cerrados, el beso ha pasado a morreo en toda regla. ¡Con lengua!.

Me digo: «no mires. Quita la mirada.»

Mi diablillo interno: «si están en un sitio público…»

Mi conciencia: «no se mira… ¡Es feo!»

En realidad son guapos, parecen enamorados! ¿Serán pareja estable?… mmm puede, ¿amantes?… Fijo, ¿matrimonio?… O reciente o no puede ser. No existe matrimonio que aguante esa pasión… ¡Agotador! ¡No tengo idea! Paran y se miran a los ojos, se deben haber dicho algo así como que tienen que parar que no es el sitio… Miran a los lados y me ven con mi cara de idiota!! Ojos como platos, boca abierta… ¡Lengua seca! Sacudo, miro la alfombra y hago como que muuuy interesante. Pero no, no me la llevo.

Pensarán que no he visto un hombre en mi vida, que no veo películas, ni besos, que salgo de un convento, que me secuestraron unas monjitas y ahora me han dejado libre. Que soy recatadita…

Me queman las mejilllas, me arden las orejas… ¡Qué sofoco! camino rápido por los pasillos…

Sigo caminando y paso por la zona de armarios, una pareja discute acaloradamente, ella le dice: ¿no lo ves cariño? ¡qué mono quedaría en nuestra habitación! Él: “¡Que no cabe! Cari, ¡no cabe! Nuestra habitación es más pequeña!” “Que noooo…” responde ella, como si el pobre no tuviera ni idea (el tipo que fue el que montó todos los muebles de la habitación ¡fijo!) “cariño, ¡que sí cabe! ¡Es una ricura! ¡Y muy barato!”

Él pone cara de casi-convencido…

Cada pareja parece bis de la anterior. Merece un post…

Paso de largo, cajas de salida… ¡Por fin! ¡Salgo! Con mis servilletitas… y 19 cosas más súper necesarias!

No es normal que entrando a Ikea a por unas servilletas salga con 20 artículos imprescindibles. Todos baratísimos!

Pero claro: barato+barato+barato=un muchito carito!

¡Joder con las servilletitas!

Es que dudo que se pueda entrar en Ikea y mirando al suelo, coger solo las servilletas, volver al mirar al suelo y salir.

¡Si entras en Ikea ya has pringado!

¡Señor Ikea esto no se hace!

Y en ese momento de ida mental los veo: veo a la parejita de la sección de alfombras llegar a caja cada uno con una cosita en la mano, van juntos pero por separado, paga ella y se va lanzándole una mirada carnívora, se dirige al parking por la izquierda; él igualmente paga y se va en dirección opuesta. ¡POR SEPARADO.

¡Uuuuf! Qué raro! ¿Serán amantes furtivos que se citan en ikea? ¿Le estaré poniendo más chicha a la limonada!? Hoy me hacía investigadora privada.

Llego a casa y monto la velita, no queda tan cuca, claro, el decorado era con 25 velitas.

Pero… ¡Lo que da de sí una visita a Ikea!

Voyeur

La suelta.

¡Ole, ole y ole!

A todas esas mujeres trabajadoras que luchan cada día por su valor laboral.

Por su independencia moral.

Que trabajan y trabajan. Remuneradas y sin serlo.

En función de su valía o por debajo de ella. Y avanzan.

Que no les da miedo nada. O lo ignoran.

Que piden su sitio, lo reclaman y lo demuestran.

Que tiran de la casa, de los niños y de su trabajo.

Priorizan entre dudas.

Deciden con el corazón.

Que se ausentan para llevar el niño al pediatra y recuperan de su tiempo libre.

De sus noches recortadas.

Que no aspiran a Dirección.

A veces, simplemente, a que todas las cajitas de su memoria no se desmonten.

Que la palabra lujo les suena a revista.

La palabra viaje en impagable.

Pero siguen currando.

Que inspiran sentido común y lo reparten.

Haciéndose un sitito. Dando opinión.  Archivando facturas ajenas.

Ordenando el mundo éste que anda descolocado.

Coloreando de empatía el extraño mundo laboral.

Acariciando el alba para poder tomar su cafeína en soledad.

Antes que empiece el barullo de su día a día.

Porque antes de su jornada laboral van otras muchas cajitas que ordenar.

Casi todas ajenas.

Que encajan sus horarios cual tetris vital de sus vidas.

Que es tan heroico llegar al final del día como a final de mes.

Que no miran como está el mundo porque se pondrían a llorar.

Pues no entienden. Ellas no entienden las guerras.

Quizá no comprendan los términos inflación, déficit… sólo saben que han de seguir adelante, no desfallecer y a seguir currando.

Porque hay facturas propias por pagar. Bocas que alimentar.

No cabe el desánimo. No se escribe cansancio.

Ya llegará el domingo; o ni entonces.

Y vuelta a empezar.

 

¡Ole ole y ole!

 

¿¡Qué haríamos sin tantas como vosotras!?

¡Qué lección de vida!

Porque siempre han existido las mujeres trabajadoras.

Sólo que ahora les han puesto nombre, son remuneradas. Pagadas.

 

¡Pero no había mujer más currante que nuestras abuelas!

Me refugio en su fuerza para tirar de mi día a día.

Para cuidar, amanecer, trabajar y volver a trabajar.

Porque habrá un mañana más liviano… ¡quien sabe!

¡¡Hoy un ole por todas y cada una de las mujeres trabajadoras!!

 

Admiradora

La Suelta.

¡Qué sueño!

¡Rifo mi cuerpo, lo regalo, lo doy, lo cambio!

Sobre todo cuando se desvela, se angustia, a la 3, las 4… De la noche. Caen los minutos y se ensanchan las PREocupaciones, se torna la angustia en mayúsculas y pesa la noche. Pesa y pesa.

3:00

Y miras la hora, me doy la vuelta y otra vuelta.

Un pipi. Un vaso de leche. Un post. Una angustia y otra. Un miedo.

¡Un ladrón! ¡Ay! ¡No! Era un gato.

3:30

La noche se alarga se hace eteeeeerna.

Como este post.

No acaba.

¿Sueño? No lo percibo.

¿De donde vendrá el sueño? ¿Del cerebro? ¿Del corazón? ¿De mi alma?

¿Quién produce mis sueños? ¿Quién es el guionista de mis sueños?

Se apodera de mi la angustia: mañana me deja! Fijo! Me ha dicho un “hasta luego…” Muy seco. ¡Qué raro!

4:10

Ya han pasado 40 minutos.

Me odio, a mí misma. Y este run.run en la boca del estómago.

Y sigue. Ronronea y no calla.

Es culpa mía.

Todo es culpa mía: la lluvia, el viento, la crisis, todo es culpa mía…

He de pensar algo para solucionarlo.

¿Me pongo a trabajar?… No. Eso ya sería de psicoanalista. De traca.

Pero él… ¡Fijo que me deja!

Se acerca el reloj a las 5…

Aaaaaaah! Un bostezo.

Pareeeeeece que tenga aaaaaaaalgo de sueño! ¿No?

Ahora… Ahorita…

No.

Vuelta, me coloco el pijama se me ha envuelto en la pierna.

Reproduzco la conversación en caso de que me deje…

«Yo más…»

Me duermo hacia las 5:30….

Sueño profundo.

7:00

Bip.bip.bip.

¡Qué ruido es ese!!!!?? Parece que me arranquen la vida, que una losa cierre mis párpados…

¡Quéeeeee sueño! ¡Diooooooos!

¡¡Que me muero!!!

¡Que se quede otro mi cuerpo indominable!!

Mi caprichoso horario de sueño…

Me miro al espejo, simple espectro de lo que puedo ser.

Nada que no arregle una buena capa de antiojeras, maquillaje, maqueadita.

Me digo, me juro, me prometo, me automotivo. “Avanti avanti, bella! ¡La piú bella!”

Y salgo a la luz del día…

¡Aaaay! ¡Duele!

Soy como una rosa…. En invierno.

El sol pesa. Mancilla, quema.

Miro a la gente vigorosa, inquieta, decidida…

¿Qué les han dado durante la noche…???

Me falta sueño.

No cuento las horas de sueño.

Quedo con él a la tarde.

Encantador, atento, delicado… ¡Seré paranoica!

Un día de estos abro un blog de esos…

Desvelada.

La suelta.

Un caso no es representativo.

Esa noche se alinearon los planetas, se pusieron de acuerdo las estrellas, tu punto de soltura era el de antes de “ponerte pesada” y el de después de “llevo un puntito”. De repente en medio del bar con tu amiga del alma, aparece el tío más bueno que hubieras visto en persona, no una estrella de cine, ni maqueado por el Photoshop en una revista. Lo estás viendo con tus propios ojos, podemos decir que lo estás viendo en alta definición, pero dado tu grado de locura de esa noche… todo puede ser subjetivo.

Y ese tío con pinta de no haber roto nunca un plato, con sonrisa picarona y mirada fulminante, te mira. ¡A ti!! ¡Sí, sí, a ti! Porque miras detrás de ti y no hay nadie, salvo la entrada de servicio. Le miras y te señalas interrogándole. ¿es a mí?. Sí, sí, dice con el gesto, desde el fondo de la barra. Sonríe, bebe de su copa y se acerca decidido.

¡Ay! ¡Dios!! Que en realidad no soy tan fiera, ni tengo tanto vocabulario, no soy tan guapa ni tengo medidas de infarto. ¡Me confunde con su prima, fijo! Atacas tu copa a ver si un grado más de alcohol en sangre te resuelve el conflicto. Interiormente sabes que sólo puede agravarlo. La lengua ya está suelta. Si sigues soltándola, no conseguirás dominarla, ni pararla. Siguiente parada: pastosa-ridícula.

El chico de mirada directa, sonrisa irresistible, efectivamente te está preguntando por ti, que qué haces tú por este bar, que no te tiene vista. S.O.S. Esto no es una peli es mi vida y nadie está grabando con cámara oculta… crees. ¡No me sé el guión!!

Le explicas, le cuentas, sigue preguntando y la memoria ya no recuerda las palabras, sí los gestos y esa sensación de volar. De soltura. Tu boca emite coñas que tu cerebro desconoce. Vamos mal.

El tío te pregunta que si te vendrías con él a dar una vuelta, tu cuerpo te dice que si quiere que te secuestre, durante unas horas nadie te extrañará. Te haces de rogar, es lo que toca. Por dentro piensas: “¡ay, nena, que el tipo se nos echa para atrás!”.

y “¿a dónde?” Y “¿porque?” “Mis amigas me buscarán…”

¡Qué excusas más malas! ¡Dios! Si no quisieras nada, ya le habrías echado un moco que el pobrecito hubiera salido volando.

Entonces le ves venir, te acerca esa carita de melocotón, sus ojos se clavan en los tuyos, buscando la vergüenza y la encuentra… ves cómo se inclina y se para a dos dedos de tus morros, te mira y sonríe, dominando la situación el muy cabr…! Te coge con las manos de la barbilla… ¡te quieres derretir!! Y te besa. Despacio. Quedándose con la humedad de tus labios, después con lengua, tan despacio. ¡Dios! ¡Qué tío! ¡¿Dónde estabas desde que naciste!!?? ¡Lo quieres grapar a tu cuerpo!

Acto seguido te coge de la mano y te lleva fuera, dejándote convencer. Le grafías a tu amiga que esto es un bombón y no puedes quedarte… “ciao, ciao! Mañana te cuento!!”

Atropelladamente llegáis a su apartamento, te besa desnudándote, con una mano quita el sujetador (gran prueba a todo tipajo nocturno con entrenamiento en otras damas…), quieres hacer copia de seguridad de todo lo que está pasando, quieres otra vida para volver a vivir esta noche, te dices. Te empuja a la cama, tú medio desnuda, él en calzoncillos, luz tenue, sin música, sin palabras. Se desnuda…

…y… el tipo no es que la tenga pequeña… es que la tiene XS, no sé cómo grafiarlo sin herir sensibilidades. Él sigue, tú has bajado dos enteros. Te dices a ti misma que hagas acopio de toda la bibliografía porno que cayó en tus manos, que el cerebro se ponga a mil, porque es el otro órgano de tu cuerpo, a parte del clítoris, que te puede provocar un orgasmo, no quieres que la noche acabe en fiasco, esto hay que resolverlo.

El chico pone toda la carne en el asador, pone creatividad, tira de películas y de vocabulario. Debe estar examinándose del kama Sutra con tu cuerpo. Tú estás a medias. Después de la sorpresita.

Poquito a poco, lentamente y concienzudamente consigues llegar al orgasmo. Un orgasmo notable. Muy mental, para qué engañarnos. Pero orgasmo. El chico tiene otras cualidades, obvio: sensibilidad, empatía, delicadeza.

Acabas acurrucada en el calor de su abrazo, en la tibieza de su piel. Te preguntas: ¿ha sido sexo? Porque si hay cariño y caballerosidad… no me liga con la palabra sexo!

Siempre habías pensado que el tamaño no importaba, o sí. No lo tenías claro.

Hoy ya sabes: debes seguir investigando. Un caso no es representativo.

Mentalmente.

La Suelta.

¿Qué es el amor?

–          El amor no existe, es una farsa.

–          Sí, debe existir. Si no…  ¿Para qué? ¿A cuento de qué?

–          Todo es mentira, es un montaje. No es duradero, no es verdadero.

–          Me niego, ha de existir. Yo creo, lo he leído, lo he visto. ¡Hasta puedo sentirlo!.

–          ¿Dónde? Dame una prueba, por cada prueba, yo te daré una que te demuestre lo contrario.

–          El amor une, liga, atrae, junta.

–          Eso es deseo, no te confundas.

–          El amor se siente. Lo llevas dentro.

–          También puedes sentir dentro el sexo.

–          El amor es más fuerte, más leal, más firme, más intenso, más “nuestro”. El sexo es el tu+yo.

–          El odio también puede ser intenso.

–          El amor es limpio. No hay intereses. El amor es promesa.

–          No, las promesas son matrimonios, entrevistas de empresa, mítines políticos. Y para limpia el agua clara.

–          El amor es aquello por lo que la gente es capaz de morir.

–          No, eso es la salud.

–          … capaz de matar.

–          Eso es locura.

–          Amor es creer.

–          Eso es religión.

–          Amor es mirarse a los ojos y saber lo que la otra persona está pensando.

–          Eso es complicidad, puedes tenerla con un amigo. “Feeling”.

–          Amor es no tener que decir lo siento.

–          Piensa en una persona que sientas que quieras. ¿nunca le dijiste “lo siento”? ¿por eso dejas de quererla?.

–          Amor es no desear acostarte con otras personas.

–          Eso es ser fiel.

–          Amor es querer el bien de esa persona por encima de cualquier cosa, es perseguir su bienestar, pelear por su felicidad, sentirte bendecida por su sonrisa y saber que tú estás en la causa.

–          …

–          Amor es necesitar la compañía de esa persona.

Sacar tu yo más auténtico a su lado.

Es el pegamento que une los iguales.

Que convierte un uno más uno en un gigante.

Es perder sentido con su ausencia.

El amor te salva. Te eleva.

El amor es abrigo.

–          Sigue…

–          El amor ve los fallos, los reconoce y acepta.

El amor no se oculta, se muestra, emerge, se lee en los ojos.

Se oye en las risas.

El amor no miente, no engaña, no teme, no huye.

Es valiente, sostiene, persevera,

mas nunca desfallece.

El amor es invencible.

Es gigante. Enorme. Transparente.

El amor es mío, es tuyo, es nuestro.

El amor es magia. No se explica. Se siente.

Sentimental.

La suelta.

¡Feliz día de San Valentín!

¡Me voy de rebajas!

O de compras. ¿A comprar qué? ¡Qué más da!

Estamos en Enero, todo está reventado de precio. ¡Es mi momento!

Porque necesito… mmm… necesitar lo que se entiende por necesitar ¡No! He de ser sincera. Pero… unos pantalones para llevar con aquella camisa estampada, que es tan peculiar, personal, irreverente, descarada y llamativa… que nunca me pongo, o nunca me atrevo a ponerme, o nunca combina. Pero si encontrara esos pantalones que le fueran como anillo al dedo, estoy segura que triunfaría, divina sería mi apellido.

Me prometo plantarme prontito en la calle de las tiendas, no sea cosa que con el barullo se acumule la gente, se desordene la ropa y la menda no encuentre nada. Y eso no puede ser.

Entro en la tienda que más me mola, la más de lo más. A la que nunca entro porque me pierde el textil y el numerito que veo en la etiqueta o me seducen silenciosamente los bolsos ahí colgaditos, tan monos, de piel auténtica, ese tacto…. Empiezo a mirar y descubro unos pantalones increíbles… busco mi talla. No está, como no: Son rebajas.

Me digo que en nada bajaré los cinco kilillos que me sobran… voy a probármelos, igual…  igual suena la flauta… y ésta me baja 5kg de golpe ¡plus! ¿No? ¡Nena! ¡ilusa!

Resulta que los probadores son con espejo compartido… ¿dónde se ha visto!? ¿Los decoradores de tiendas nunca han tenido complejos o inseguridades? Se han visto divinos siempre… y ¿qué pasa? que se miran al espejo cuando hay extraños delante… joooo! ¡Que una tiene su pudor! Voy a tirar de imaginación y me voy a suponer que estoy sola, no hay nadie y soy la copia viva de la Giselle Bundchen… en moreno.

Los pantalones no entran. Ni dentro del vestidor, ni fuera supongo, pero paso de mirarme así en el espejo…

Paso.

Me llevo unos pantalones muuuuy parecidos de mi talla, paso de probármelos y unos pantys súper originales. ¿Los necesitaba? Mmm. No! (*jolines la conciencia con la preguntita de si lo necesitaba! ¡Me encantan! ¡Punto!) Pero ahora que los he encontrado no podría vivir sin ellos, están hechos para mí. No sabía que existían. ¡Suerte que he venido y los he rescatado del anonimato!

Sigue mi andadura en otra tienda, donde medio peleo con sonrisa educada con una señora por un gorro. Al verlo ni plim… pero al ver que me lo quería quitar de mis propias manos… aaah! No! ¡Eso sí que no! Me lo quedo ¡¡por supuestísimo!! Ahora me parece arrebatador incluso.

Empiezo a calentarme. Ya estoy rodada, tienda que entro tesoro que encuentro. Ya no puedo parar, no hay stop. ¡La visa dice para! ¡Mis piernas dicen para! Mi conciencia no osa decir nada. ¡No tengo actualizada mi aplicación del sentido común! ¡Y yo de rebajas!

Es que (así comienzan todas las justificaciones absurdas de la humanidad, cariño!) un instinto de hambre superior a la necesidad me lleva a pensar que si dejo de entrar en las 20 tiendas que me faltan… 20 tesoros que quedarán ocultos a mis ojos y otra persona los descubrirá y se apropiará de ellos. Y es que este Enero hay cada ganga que ni soñarla. No sé si me quedan días de invierno para ponerme todas las prendas, bufandas, jerseys y pantalones que he llegado a rescatar.

El problema después es combinar cada uno de ellos en un conjunto… real. Pero bueno, ¿qué más da? el tema es que el tesoro esté en el cajón de mi casa y no en el de la arpía aquella que me quería robar MI súper gorro.

Yo que nunca llevo gorro.

Al final acaba el día, por suerte. Cierran las tiendas y no te queda otra que largarte a casa. Cargada de tesoros, gangas y gangones.

Y es que se ha apoderado un Alien de mi cuerpo que me empujaba a comprar, gastar, despilfarrar, llevarme… sin probar! Y… ¡siguiente! ¡soy lo peor!

Llegas a casa y… piensas: ¿qué hago? ¿Enseño toda la colección de tesoros rescatados?

¡Bah! ¡Paso! Hará un cálculo rápido del gasto por minuto que he tenido y me hará alguna pregunta retórica de ¿para qué quieres esos pantalones? Y yo responderé: para combinar, cariño. ¡Que tú no lo entiendes!

Pirata.

La Suelta.

Mi oda a la feminidad…

(Post corto de lectura lenta.)

Dicen de las mujeres que somos complicadas, retorcidas, imposibles de comprender.

Una vez un hombre le dijo a una mujer: “yo no podría vivir en el interior de tu cabeza”.

Bueno, los grandes bólidos sólo saben conducirlos los grandes pilotos. Así que, déjamelo a mí, cariño.

Es mejor pensar que somos laberintos escondiendo grandes tesoros.

Es mejor pensar que somos complejas con un sinfín de cajoncitos interiores, a cada cual más rico. Diferentes. Complementarios.

¿Difícil?… ¡Puede!. ¿Interesante? ¡Muchísimo!

O también podríamos pensar que somos como aquel rico plato elaborado de la abuela, que se saborea con ritual delicadeza. Y que para adivinar cada alimento que lo compone, tesoro culinario que lo adorna, hay que concentrarse y dejarse sorprender.

Plato elaborado con varios ingredientes, cada uno en su justo grado de cocción con una elaboración precisa, de buena calidad, sabor y textura, en coordinación perfecta. Complicado.

Pero yo, señores, permítanme quedarme en el asiento de la feminidad, consciente de mi complejidad, dueña de mis misterios; permítanme cederles paso en la bravura y quedarme con la cordura; déjenme decirles que sin ustedes la vida no tendría sal ni complementariedad, pero me quedo en mi mundo lleno de submundos por descubrir, intercomunicados, necesarios los unos de los otros, con mi puntito de histeria e inestabilidad, a veces mal llevada. Con mis interpretaciones y mis miedos.

Me quedo con mis delirios consumistas. Con mis intuiciones.
Con mi «no sé qué ponerme».
Con mi «me lo huelo».
Con mi gps particular para encontrar tus llaves. O las mías.
Con mi coquetería. Y mis chutes hormonales.

Con mi “no me pasa nada, cariño!”

Me quedo con tu sorbito último de la coca cola. Con esa mirada pícara, fugaz, indiscreta, ante mis formas de mujer. Desarmado.

Me quedo con mi mala leche y mis subidones. Mis bajones. Mis curvas pasadas de moda. Mi belleza imperfecta. Femenina. Deseada.

Porque, señores, seguro que en tantos puntos se sienten entendidos, secretamente identificados, a veces envidiosos y siempre calurosos.

Y aunque tantas veces no nos comprendamos, siempre nos necesitamos, complementamos, deseamos y eso es la sal de la vida.

 

Femeninamente.

La Suelta.

 

Pd. No pretende esta “oda” criticar, comparar o encasillar; generalizar, uno u otro género. A cual más valioso. Sirva este pequeño rinconcito de mera escritura para la reflexión, para mirarnos en el espejo. Para valorar nuestro asiento, nuestra condición. Cada cual el suyo. Simplemente.

O incluso sacudirnos nosotras de la sana envidia a vuestro pragmatismo, sinceridad brutal mal envuelta. Autenticidad.

 

NOTA DEL BLOG: COMPARTIR AQUÍ VUESTROS COMENTS, REFLEJAD AQUÍ VUESTROS POSIBLES ME GUSTAS; O VUESTRAS CRÍTICAS CONSTRUCTIVAS, SIEMPRE BIENVENIDAS

Un poquito de respeto no viene mal.

Soy española, vivo en Barcelona, soy del Real Madrid, hablo castellano y no me siento catalana. Pero mañana votaría sí a la independencia de Cataluña.

No entiendo de Política, no me sé la constitución. Entiendo de personas.

Las personas se entienden cuando se respetan, se toleran y se escuchan.

Las personas se casan porque en un determinado momento se enamoran y deciden por ambas partes compartir sus vidas, sus beneficios y sus penas. Compartir, tolerar y respetar. En lo bueno y en lo malo.

Pero a pesar de lo prometido a veces se rompe el amor, sin intencionalidad, sin maldad, con todo el dolor de nuestro corazón. Y se puede romper por ambas partes o sólo por una. En ambos casos hay divorcio, de mutuo acuerdo, de malos modos. Pero nunca se obliga a nadie a quedarse en un matrimonio en contra de su voluntad. Si una de las partes se quiere ir, se va. Con todo el dolor de nuestro corazón.

Y en el supuesto caso que pretendiéramos que se quedara, que debiera recapacitar y renunciar a su libertad, ¡no se le amenaza, se le infravalora, se le ignora, se maljuzga o se le deja de respetar! En ese absurdo caso sólo se consigue el caso opuesto: más determinación.

La decisión de independizarse ya no sale de su razón, de su reflexión o decisión.

Sale directamente de su corazón. Primitivamente.

¡Secuestro amigdalar!

Han ofendido su autoestima, su sensación de país. Su orgullo.

Soy madre de tres niños, han nacido y se están criando aquí. Yo soy española, siempre lo seré, viva donde viva. De igual manera que si viniera un japonés a vivir a España siempre sería japonés. La nacionalidad se forma en un determinado momento de nuestra infancia, percibo, supongo.

Ellos decidirán su nacionalidad y si quieren, deciden, optan o sienten que son catalanes por encima de cualquier cosa, no pondré reparos. No serán menos ni más que nadie.

Pero por delante de las banderas estamos las personas.

Y por delante del patriotismo debería ir el sentido común y el respeto.

Hablo desde mi experiencia y las peores traiciones no me las ha hecho ningún catalán. Pero la mayor lealtad si la he vivido en esta tierra con esta gente.

Y no entiendo de política, pero creo que hubiera sido más rico para la historia de España respetar a Cataluña como tal, como ellos se sienten, con su riqueza de cultura, gente y generosidad. Respetarla y tratarla por su valía.

Pero sospecho que ya es tarde.

Un poquito de respeto de vez en cuando no viene mal.

Por todo ello mañana yo votaría sí a la independencia de un «país» que no quiere formar parte de otro, simplemente porque no se siente respetado.

Tan simple como la vida misma.

 

Beatriz Puerta

Una súperfan de http://www.lasuelta.wordpress.com
NOTA DEL FUNCIONAMIENTO DEL BLOG: PONED VUESTROS COMENTARIOS Y/O ME GUSTA AQUÍ AL PIE EN EL BLOG PORQUE SINO NI LA AUTORA NI FUTUROS LECTORES PUEDEN VERLOS NI COMENTARLOS. EN VUESTROS FACEBOOKS AQUÍ NO SE VE. GRACIAS!